Lisboa Madrid Chisporroteos: Estudios Interartísticos en Salamanca
Junho 2010 / Junio 2010 Pedro Serra Universidad de Salamanca El objetivo del encuentro Poesía, Cine & Fotografía. Metadiscursos y estudios de caso –evento que acogió los días 25 y 26 de mayo de 2010, en el Área de Filología Galega e Portuguesa de El grupo de investigadores que integró el coloquio –Amelia Gamoneda (Univ. de Salamanca), Catherine Dumas (Univ. de Paris III), Darío Villanueva (Univ. de Santiago de Compostela), Joana Matos Frias (Univ. do Porto), José Antonio Pérez Bowie (Univ. de Salamanca) Luiz Valente (Brown Univ.), Manuel Outeiriño (Univ. de Santiago Compostela), Paolo Néné (Univ. de Paris III), Patrícia Vieira (Georgetown Univ.), Paulo Medeiros (Univ. de Utrecht), Pedro Eiras (Univ. do Porto), Pedro Serra (Univ. de Salamanca), Piero Ceccucci (Univ. di Firenze) y Rosa Maria Martelo (Univ. do Porto)– tuvo como objeto electivo el estudio de las relaciones entre palabra e imagen visual. Cabe, pues, dentro del marco teorético de los llamados estudios interartes, cuyo desarrollo, en las últimas décadas, encarna uno de los ámbitos más instigantes de la literatura comparada. La formación y trayectoria académica de los participantes, en este sentido, está prioritariamente vinculada a lo literario, y la implicación en los estudios interartísticos no puede dejar de inscribirse en el proceso de profundas mutaciones que viene determinando el espacio académico de las llamados studia humanitatis. Lo que vulgarmente y, hay que decirlo, de modo acrítico (en muchos casos suplementado por un más o menos asumido cinismo) se viene conociendo como ‘crisis de las Humanidades’. Afortunadamente, el sistema académico del Estado Español no parece haber representado el intenso (y en gran medida, estéril) discurso miserabilista de unos estudios humanísticos en crisis. No cabe en esta reseña la reflexión sobre la resistencia de Los studia humanitatis, la filología moderna (post-ilustrada), la teoría literaria (proyecto clausurado en tanto ciencia de lo literario), la teoría a secas y la miríada de avatares disciplinares agregables bajo la noción (débil) de post-teoría, conformaran su auto-imagen, su auto-representación, fundamentándola en la función mediadora que siempre se les supuso. Por lo menos hasta mediados del siglo xx, lo que a los estudios humanísticos proporcionaba legitimación era la noción de que el proceso social, pensado como un desarrollo histórico de comunidades de perímetro variable, necesitaban de una discursividad de tipo crítico que asegurara que los discursos simbólicos –entre ellos, destacadamente, la literatura–, cumplieran su función: proporcionar una interpretación de la ‘realidad’, una lectura del presente (que aprendería del pasado, que se educaría en la tradición), e imaginar un futuro distinto (exponencialmente ‘mejor’) del presente. Había, pues, una tensión utópica en el seno de las humanidades, que no se limitaban a un desarrollo autónomo y ensimismado de sus disciplinas. Las sociedades, hoy –aunque la reducción drástica sea algo burda–, han dejado de pensarse a sí mismas en función tanto del futuro como del pasado. ¿Utopía? La medida del futuro, bien vistas las cosas, son los plazos de las hipotecas y las expectativas de rentabilidad de los valores financieros. ¿Pueden, hoy, los estudios universitarios humanísticos pensar razonablemente alternativas estos futuros? ¿Se atreven a hacerlo? ¿Es incondicionalmente bueno que lo hagan? Preguntas demasiado grandes para las cortas vidas que los individuos y las sociedades pueden vivir. Si viviéramos –con la venia del lector de estas líneas, admítase el contrafactual–, pongamos por caso, mil años, o quinientos, ni bellas artes, ni bellas letras, ni studia humanitatis existirían. El tiempo –tanto tiempo como mil años–, por sí sólo, se encargaría de resolver nuestros conflictos íntimos y colectivos. Hoy por hoy, es difícil imaginar un mundo sin psicoanalistas, que sería ciertamente ese mundo feliz de individuos tan longevos. Por todo esto, nos queda enfrentar aquellas inmensas cuestiones echando mano de un pragmatismo no conformista. Así, el módico de legitimación que pueda ser la evidencia de que los lenguajes que conforman ese objeto alado al que llamamos ‘realidad’ –más parecido a una gallina que a un águila imperial– tienen como soporte tanto la palabra escrita como el icono visual. En rigor, son ambos imágenes, es decir, productos de la imaginación que, no obstante, se producen por medio de diferentes tecnologías, diferentes ‘materialidades de la comunicación’, como ha formulado el ya citado Gumbrecht. El coloquio Poesía, Cine y Fotografía buscó su enclave justamente en ese lugar de reflexión en que se razona la imbricación íntima del verbo y del icono. Asimismo, la conjura de los participantes fue la de ‘avanzar’ sin pensar en la crisis de las humanidades, que es al final el fantasma invocado por los cínicos conformistas que quieren que todo cambie para que todo quede igual. Que la academia sepa lo que quiere es ya darle a la sociedad lo que la sociedad espera de la institución universitaria. |
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